Educación para la libertad.

 

 Familia

 

 

 

 

 ''En el atardecer de tu vida se te examinará en el amor''. Con esta frase de San Juan de la Cruz iniciaré este artículo, puesto que la libertad hace estancia en el corazón, en el amor tiene sus raíces y la viven las personas que dándose generosamente, van eliminando el egoísmo de su vida.

Cuando se pregunta a padres o madres qué desean para sus niños, normalmente, su respuesta más frecuente es: ''que sean felices''. También observamos que cada uno tiene una idea diferente de la felicidad, dependiendo de su escala de valores.

 Ciertamente, el respeto por las opiniones de todos es fundamental, pero no se puede confundir buscar la felicidad en lo que puede dar un placer en unas circunstancias determinadas, y que pronto se puede desvanecer, con el gozo permanente de la persona, que procura hacer el bien. La libertad, condición indispensable para ser feliz, debería situarse en el contexto de la liberación de todo aquello que nos hace esclavos de nuestras limitaciones.

El mejor don, recibido por las personas, es la libertad. Podemos asegurar que todas las formas de opresión o de dominio conllevan infelicidad, precisamente porque queda menguada la libertad. El sobre proteccionismo, el autoritarismo y la rigidez son formas negativas que ahogan la iniciativa, la autonomía, la capacidad de escoger y de decidir que son necesarias para saberse libres. También la educación de la voluntad y la colaboración en las tareas del hogar, que encontraremos en otros artículos de Responsabilidad son referentes que confluyen en este.

Reflexionemos si valoramos la libertad como una conquista. Por eso es por lo que no se puede decir nunca: ''ya lo he conseguido'', sino: ''lo intentaré más''. La libertad es una condición de estar dispuesto continuamente a la mejora personal y esto comporta esfuerzo y lucha, para que la razón haga ver lo que está bien y la voluntad lo lleve a cabo. La libertad comporta una actividad constante para resolver las dificultades internas de la propia personalidad o las externas del ambiente. Esta conquista la ampliaremos en dos puntos:

1. Liberarse de... Hace falta recordar que el contrario de la libertad es la esclavitud. Por lo tanto deberemos enfocar la libertad como una liberación de las limitaciones que nos privan de la autonomía. A este respeto dice Chesterton que ''el peor enemigo del hombre es él mismo''. Para educar en la libertad, padres y madres deberán dar testigo de esta cualidad con su actitud de esfuerzo diario para vivirla mejor, procurando el dominio personal y el darse a los otros. Y se debe entender la libertad como un reto para liberarse de los defectos que disminuyen la responsabilidad personal, con afán de superación. Es en este sentido como debemos entender la libertad: tras la propia aceptación y conocimiento propio, esforzarse y ser coherentes con lo que decimos y como actuamos, así hijos e hijas tendrán un ejemplo a imitar.

2. No a la mediocridad: Enseñar a vivir la libertad a los hijos será ampliar sus horizontes; será, en los niños, ayudar a fortalecer su voluntad; será, en los adolescentes, animarlos a vivir grandes ideales que fomenten su generosidad, a participar en organizaciones que se solidaricen con los más necesitados; no permitir que se pierda el tiempo y que se desarrollen armoniosamente todas sus capacidades. Es evidente que todo lo que sea dar buena formación, evitando formas recreativas frívolas o superficiales, será un bien para su educación. Muchas veces, las presiones del ambiente dónde los jóvenes se mueven dificultan actuaciones loables que resolverían muchos problemas de la sociedad actual. Pensemos sí nos ocupamos en saber que amigos tienen, qué les preocupa... etc. Los progenitores deberemos proponer ideas que los eleven. Recordemos aquella frase: ''No vueles como un ave de corral, si puedes volar como una águila''. Está bien que cumplan sus deberes y es necesario que así sea, pero no es lo mismo motivar al hijo o hija para que saque las mejores calificaciones de la clase, para ser el mejor, que motivarlo para que tenga más elementos para vivir por los demás. Es un ejemplo que se puede aplicar en todo. No está de moda hablar de espíritu de servicio hacia los demás, pero la verdad es que la vida de los jóvenes se enriquece con esta finalidad. El egoísmo es el gran enemigo de la libertad. Los progenitores tienen que procurar despertar en los hijos e hijas la magnanimidad o la capacidad de hacer grandes actos, no conformarse y tener ánimo para llevar a cabo grandes empresas. Por esto es educativo empezar proponiendo pequeños retos para, más adelante, lograr los más elevados.

Para concluir: reflexionar que es más libre aquel que más ama. Los conflictos aparecen cuando se enfría el amor. Tenemos que considerar la libertad como autodominio para darse en el amor. Tengamos el objetivo en el ámbito familiar de educar a nuestros niños y jóvenes en la libertad, para que sean consecuentes con las opciones que han decidido escoger, con autodominio y con un gran corazón para amar.

 

 

Tomado de:

Victoria Cardona Romeu
Profesora y educadora familiar

 
   
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